Cuando creer cambia una eliminatoria

Hay series que se explican en los números… y otras que solo se entienden viviéndolas. La eliminatoria entre Juan de Austria y Pablo Laso Academy fue una mezcla de ambas: talento, ajustes, pero sobre todo carácter.
El primer partido, en la pista de la Laso, marcó un punto de partida duro. Un 35-16 de salida dejó el encuentro prácticamente sentenciado desde el primer cuarto. La Laso jugó a un nivel ofensivo altísimo, con porcentajes muy elevados y una confianza que desbordó a un Juande que llegó tarde al partido.
Aun así, tras el golpe inicial, el equipo compitió los tres cuartos siguientes, un detalle que, aunque no cambiara el marcador, sí dejaba una sensación importante: había margen de reacción.
Y esa reacción llegó.
El segundo partido fue justo lo contrario. Si en el primero el inicio había condenado, aquí fue el que lo cambió todo. Juande salió con una marcha más, anotando 31 puntos en el primer cuarto y marcando el ritmo desde el primer momento. El equipo encontró acierto, pero también energía y confianza. En el segundo cuarto llegó el trabajo defensivo, dejando a la Laso en solo 9 puntos y construyendo una ventaja sólida.
Cuando en el tercer cuarto el rival reaccionó (11-25), apareció la madurez competitiva. No hubo precipitación. Y en el último cuarto, con la grada empujando y el equipo conectado, llegó el golpe definitivo (18-4). No fue solo una victoria, fue una declaración: Juande podía ganar esta eliminatoria.
El tercer partido fue otra cosa. Más tenso, más cerrado, más de cabeza que de manos. El 55-56 final resume bien lo que se vivió: dos equipos con poco acierto, muchas pérdidas y cada posesión pesando el doble.
La Laso dominó ligeramente la primera mitad, pero tras el descanso el Juande ajustó en defensa y volvió a meterse en el partido (8-14 en el tercer cuarto). A partir de ahí, todo se jugó en detalles.
Y en ese momento apareció una de esas acciones que quedan para siempre. Carlos García Camuñez, sin necesidad de grandes números, firmó la jugada decisiva: triple en transición que no entra, rebote ofensivo, balón de nuevo en sus manos y un 2+1 que puso por delante al equipo en el momento clave.
Inteligencia para fallar el tiro libre, control del tiempo y final cerrado. Victoria por la mínima, pero de las que pesan.
Los nombres de la eliminatoria
Más allá del colectivo, hubo jugadores que sostuvieron al equipo durante los tres partidos.
Abraham Villegas fue la referencia ofensiva constante:
20 puntos, 4,7 rebotes y 23 de valoración de media
Capaz de dominar en el segundo partido y aparecer siempre que el equipo lo necesitaba.
Aarón de la Torre aportó equilibrio en todo momento:
15,3 puntos, 8,7 rebotes y 20 de valoración
Clave en el rebote y en la consistencia durante toda la serie.
David Rodríguez fue creciendo con el paso de los partidos, aportando anotación y lectura en momentos importantes, sobre todo en el segundo encuentro. 9 puntos de media, con capacidad para abrir el campo y sumar en ataque.
Pablo García Nieto también tuvo un papel importante en el tercer partido, sumando puntos y presencia interior en un contexto muy exigente.
Más allá de los números, aportó físico y equilibrio en minutos clave.
Y aunque no destaque en las estadísticas globales, es imposible no mencionar a Carlos García Camuñez, cuyo impacto en el último partido fue decisivo. Hay acciones que no entran en el boxscore, pero cambian eliminatorias.
Mucho más que una clasificación
Si algo deja esta eliminatoria es una evolución clara:
Primer partido → superados por el ritmo y el acierto rival
Segundo partido → dominio desde la defensa y la energía
Tercer partido → control emocional y mental
Juande pasó de reaccionar… a competir… y finalmente a creer.
La victoria no es solo un 1-2 en la eliminatoria. Es un equipo que vuelve a competir en Nacional después de años, una grada que se desplaza y empuja, y un grupo que demuestra que está preparado para más.
Ahora llega Valdemoro.
Pero, pase lo que pase, este equipo ya ha dado un paso adelante.

