Las guerreras vuelven a estar donde quieren.

Hay eliminatorias que no se ganan solo jugando bien. Se ganan entendiendo qué pide cada momento. Y Juande lo hizo.
El primer partido dejó dudas. El equipo tenía claro el plan, pero la ansiedad y el poco acierto impidieron ejecutarlo con continuidad. Ahí es donde estuvieron nuestros errores, en no cumplir los básicos del baloncesto cuando no entraba la pelota. Tocaba aprender.
Y el equipo respondió. En casa, Juande dio un paso adelante. Más intensidad, más convicción y un tercer cuarto que lo cambió todo. El 24-6 no fue solo un parcial, fue un punto de inflexión en la serie. Ahí volvió la confianza.
Todo se decidió en el tercero. El partido clave. Y Juande salió como había que salir: con ritmo, acierto y personalidad. El +14 al descanso marcó el camino, pero tocaba sufrir. Alcorcón apretó, se acercó, puso el partido en ese punto donde todo pesa.
Y ahí el equipo no falló.
Cada intento de remontada tuvo respuesta. Sin prisas. Sin ansiedad. Como un equipo que sabe competir.
El 57-69 final no es solo una victoria.
Es volver a una Final Four.
Es demostrar que este equipo sigue creyendo.

